Corría el año 1734 cuando un incendio prácticamente destruyó el Real Alcázar de Madrid. Este episodio le sirvió al rey Felipe V para justificar la construcción de un nuevo palacio acorde con los gustos de la época. Así comenzó la historia del Palacio Real de Madrid, una de las joyas turísticas de la ciudad, y el más grande de Europa Occidental gracias a sus 135.000 m2 y sus 3.418 habitaciones. Sigue siendo la residencia oficial del Rey de España, aunque los actuales monarcas no residen en él y su uso se limita a ceremonias de Estado.

De vuelta a sus orígenes, cuando Felipe V decide la construcción del mismo sobre el solar dejado por el Real Alcázar, los cimientos de este último fueron utilizados como base en algunas partes. Filippo Juvara fue el arquitecto encargado de diseñarlo. Curiosamente, el italiano propuso un palacio mayor en una ubicación diferente a lo que Felipe V se negó rotundamente, y tras la muerte del artista, su discípulo Juan Bautista Sachetti se vio obligado a adaptar los planos del primero al solar del antiguo Alcázar. Su construcción comenzó en 1738, y otros arquitectos ilustres dejaron su huella en alguna de las partes de tan inmensa obra. Ventura Rodríguez diseñó la Real Capilla, estando muy vinculado con el edificio, ya que se formó durante la construcción de este, siendo primero delineante, y después aparejador de las obras desde joven. El edificio concluyó de la mano del gran Francesco Sabatini, famoso arquitecto de Carlos III y responsable de una de las mayores renovaciones que ha sufrido Madrid a lo largo de su larga historia.

Su enorme superficie le convierte en el palacio más grande de Europa y en uno de los más grandes del mundo. Es prácticamente el doble de grande que el Palacio de Buckingham o Versalles, lo que supone una muestra de la enorme obra realizada. En 2016 recibió 1,4 millones de visitas, siendo el séptimo monumento más visitado de España.

Las salas de Estado y las colecciones artísticas que alberga están abiertas a visitas siempre y cuando no se celebren actos oficiales. El patrimonio histórico-artístico de su interior es único. Destaca el conjunto de instrumentos conocido como los Stradivarius Palatinos, formado por dos violines, dos violonchelos y una viola, fabricados por el famosísimo Antonio Stradivari. Felipe V los encargó, siendo adquiridos en 1775 por Carlos III. Otras colecciones pertenecientes a pintura, escultura y tapicería coronan los interiores del palacio. Basta decir que cuenta con obras de Caravaggio, Velázquez, Goya, o Giaquinto entre otros. También reseñar lo referente a la Armería Real, porcelana, relojería, mobiliario y platería.

Como curiosidad, explicar que es también conocido como Palacio de Oriente, a pesar de estar situado en la parte occidental de Madrid. Esta denominación proviene de la plaza de Oriente, llamada así al estar situada al Este del palacio, justo en medio de este y el Teatro Real.

Carlos III fue el primero que lo habitó de forma continua, y el último monarca en residir en el mismo fue Alfonso XIII. Decimos monarca porque hasta el mismísimo Manuel Azaña utilizó durante la Segunda República las habitaciones que anteriormente había ocupado la reina María Cristina. Durante ese periodo fue conocido como Palacio Nacional. Es más, todavía hay una estancia al lado de la Real Capilla que se conoce como “despacho de Azaña”.

El Palacio Real sigue siendo testigo de la historia de Madrid, un auténtico superviviente de guerras, revueltas y cambios de Gobierno. En su puerta –hay una placa que lo recuerda- comenzaron los famosos hechos del 2 de mayo, cuando el pueblo de la capital se alzó en armas contra la ocupación de las tropas francesas. Muchos años han pasado desde su construcción, y muchos pasarán por delante de sus muros, jardines y estatuas, que siguen recibiendo a las grandes cantidades de turistas que lo visitan día tras día.

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