¿Hay algo más madrileño que comerse un buen Cocido un día de fiesta rodeado de tu familia? Cierra los ojos, visualízate en casa un domingo de invierno, el olor a cocido que invade los lugares más recónditos de la casa y de la memoria, sentir durante horas el chup chup de la cazuela de barro o en su defecto de la olla a presion. Es imposible olvidar esos momentos que tanto recuerdan al hogar, a la familia, a nuestras raíces. Y qué mejor excusa para reunir a los tuyos que invitarlos a casa a degustar un buen cocido. El chorizo y el tocino engrasando las conversaciones, las bromas sobre a quién le ha tocado o quien es el garbanzo negro. Si eres de los que en invierno buscas el calor de las comidas caseras y estás buscando cualquier momento para volver a reunir a los tuyos, organiza una quedada cuchara en mano, nadie te dirá que no.

Pero el cocido no solo nos habla de recuerdos familiares sino también de las raíces e historia de nuestra región, así como de todos los pueblos que conforman nuestra cultura. Historia y cultura heredada de muchos pueblos a la que debemos el carácter tan abierto de los madrileños. Y es que el primer cocido lo hicieron los judíos que se asentaron al norte del Guadalquivir. Aquella receta que recuerda a la Adafina, un plato Kosher de la tradición sefardita, se empezó a cocinar hace muchos años, como la historia de nuestra ciudad. El cocido también habla de los cartagineses que introdujeron los garbanzos o del odio que los propios romanos profesaban a estos, a los garbanzos, bueno y a los cartagineses también. Se piensa que fue en el Siglo VI cuando se introdujo la carne de cerdo, pues la Adafina se cocinaba con carne de Cordero. Más tarde los musulmanes nos regalaron ricas hortalizas y unos garbanzos más carnosos. Pero no fue hasta la llegada a América que el cocido adquiriese su característico color y sabor. Gracias al regalo de la patata y sobre todo del pimentón que tiñó y potenció el sabor con sus tonos ahumados de nuestro famoso chorizo y dio ese color tan característico del primer vuelco: La sopa.

Y es que ya sea en dos o tres vuelcos no hay nada más madrileño que estar con la familia un domingo en torno a un buen Cocido madrileño

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