Ahora que el frio asoma por la puerta de la ciudad, se podría decir que no hay manera más madrileña de combatirlo que tomándose un buen chocolatito caliente con churros (o porras). Que madrileño no tiene el delicioso recuerdo de ir agarrado de la mano de sus padres vestido con gorro, bufanda, guantes y/o manoplas camino de la churrería a comprar unas docenas de churros y un buen chocolate para toda la familia. O despertarse el fin de semana con el olor y el calor de los churros y el chocolate. El chocolate con churros es, incluso, mas sabroso y dar más calor que bailar un chotis bien agarraos. Por lo tanto, no hay pareja mas castiza, ni deliciosa que los churros y el chocolate caliente en invierno.

El origen de los churros y las porras no está muy claro, hay historiadores que lo sitúan en el mágico y legendario Egipto, o en el periodo hispanomusulmán. Pero la moda de comer churros en Madrid se cree que se remonta al siglo XIX, cuando la ciudad recibía a los feriantes ambulantes y parece ser que fueron ellos quienes transmitieron esta sencillísima receta a base de harina candeal, agua, sal y aceite en abundancia para freír.

Era un bocado ingenioso, de bajo coste, que pasó de saciar el hambre entre la clase popular a ser un lujo para la aristocracia, para volver a popularizarse más tarde. Aún hoy se ven puestos rodantes de churros y chocolate (podrían ser los precursores de los actuales food trucks), en varios paseos o parques de la provincia o en los momentos en los que se celebra una feria en la Comunidad.

Otros piensan que fue una evolución o una casualidad, al freír un resto de la masa de las tradicionales “frutas de sartén”, esto es, cualquier fritura hecha con masa de harina a la que suele darse formas diferentes (buñuelos, pestiños, rosquillas….) incluso alguna vez se ha publicado que fue un catalán, que los concibió en una verbena para acompañar al chocolate, pero no tuvieron mucho éxito en su región de origen, aunque se extendieron pronto por toda España, sobre todo por Madrid, Andalucía y Extremadura, en donde arraigaron como un importante componente de las meriendas primero, y de los desayunos después. Que mejor manera de empezar el día que mojando un churro en chocolate caliente

Naciesen donde naciesen y de la manera que fuera de lo que no hay duda es que forman parte de la vida de los madrileños. Ya sea en las meriendas en familia, con los amigos tras una larga noche de copas, los desayunos de la infancia o en las reuniones navideñas… todos los madrileños viajamos mental y anímicamente a esos momentos de felicidad al oler la maravillosa fragancia del chocolate con churros. Y es que sea cual sea el momento al que nos hacen viajar los churros y el chocolate no hay duda alguna que los churros y las porras son los pilares de la felicidad familiar y el chocolate hace que las relaciones sean más dulces e intensas, como somos los habitantes del pueblo de Madrid

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